Estimados amigos:
Han pasado 20 años desde que un grupo de estudiantes, jóvenes en edad pero maduros en pensamiento y visión decidió cambiar el curso de los acontecimientos, en la forma de contribuir al desarrollo de nuestra profesión y en la manera de vivir y aprender de dicha experiencia. Desde ese momento, como un flujo ininterrumpido, dinámico y lleno de vida, comenzó la historia de IUS ET VERITAS.
Menciono que este fenómeno cambió el curso de los acontecimientos, pues incorporó un nuevo estándar de calidad y de servicio en un mercado que, con el transcurso de los años, se volvió cada vez más competitivo. Por ello, el tradicional giro para el cual IUS fue fundado tuvo que experimentar continuamente procesos de innovación en la gama de sus productos, en las aptitudes de sus servicios, y en su permanente gestión por la calidad, meta que cada vez más se vuelve una obsesión en nuestras prácticas de negocio, comprometido con la satisfacción del cliente.
Sin embargo, mucho más allá del crecimiento y expansión institucional a lo largo de fructíferos años de existencia, el basamento que ha vivificado la experiencia de formar parte y trabajar en IUS ha sido el espíritu de unidad y continuidad. En una oportunidad en que tuve la oportunidad de abstraer el contenido de ser parte de esta gran familia, me atreví a esbozar que “más allá que una empresa o un grupo de estudio, somos un concepto enteramente nuevo, basado en los más altos valores del espíritu humano: la amistad, la lealtad, el amor al trabajo y la solidaridad”. Con la enorme insatisfacción de no poder expresar en palabras hilvanadas en tinta (y, tras veinte años, caracteres) lo que los seres humanos sentimos con el corazón, puedo afianzar dicha concepción y atreverme a decir que parte de la cultura de servir desde aquí, inmanente en nuestras obligaciones y trascendente a las contingencias de cada día, es precisamente ese sentir único y particular: el sentirse en una familia, desde la cual el trabajo y los valores de unidad y amistad pueden desenvolverse libremente. Es ese sentimiento indescriptible el principal activo (“intangible”, en términos financieros y contables) que juega el rol de motor, de núcleo fundamental de nuestra institución, y que llega a motivar el trabajo de una cadena ininterrumpida de personas.
Llegados los 20 años de vida, muchas cosas pueden ser diferentes. No obstante, el optimismo de cada día, de los centenares de hombres y mujeres que llevan labrado en sus pensamientos una sencilla palabra de tres letras en latín, sigue siendo el mismo. Siempre con el sincera previsión de que el día en que ya nos encontremos satisfechos con lo que hacemos, ese día dejaremos de tener una razón de ser.
En cualquier circunstancia que estas palabras los encuentren, quiero hacerles llegar, a ustedes, a los que están con nosotros desde ayer, hoy y para siempre, mis más fraternos y emocionados saludos de felicitación por los 20 años del nacimiento de IUS ET VERITAS. Y mi intención es dejar incompleto este mensaje, corto e imperfecto, con la convicción de que vendrán cientos de aniversarios más, y que las generaciones venideras se encargarán de perfeccionarlo.
Francisco Baldeón Vellon
Director Ejecutivo

















